Oficio · siglo XII – siglo XX · La frontera y el Señorío

La sal de la tierra: salinas de interior del Alto Tajo

Lejos del mar, el Alto Tajo producía sal evaporando el agua de manantiales salados en eras al sol. Las salinas de Armallá aparecen ya en el fuero de Molina del siglo XII y su nombre viene del árabe «mina de sal». Las de Saelices de la Sal y Armallá, con sus almacenes y pozos con noria, son las mayores y mejor conservadas.

Sal lejos del mar

Bajo el Alto Tajo hay un mar antiguo. Hace más de doscientos millones de años, en el Triásico, lagunas costeras se secaron una y otra vez y dejaron capas de sal enterradas bajo las rocas. El agua de lluvia que las atraviesa sale después por manantiales salados. Donde había uno de esos manantiales, había una salina.

En el Alto Tajo y sus alrededores hay huellas de salinas en Saelices de la Sal, Armallá, Terzaga, Traid, Pinilla, Anquela del Ducado, Castilnuevo, La Inesperada en Ocentejo y, ya en Cuenca, Valsalobre. En un mundo sin frigoríficos, la sal lo era todo: conservaba la matanza, curaba quesos y pieles, alimentaba al ganado y templaba el hierro de las fraguas.

Armallá: una mina de sal con nombre árabe

El nombre de las salinas de Armallá viene del árabe y se traduce, más o menos, como «mina de sal». Encima, en el cerro que domina el valle, hay un yacimiento de época islámica. La primera cita escrita es del siglo XII: el fuero que Manrique de Lara, primer señor de Molina, dio a su tierra. Desde entonces las salinas pasaron de mano en mano como una joya: fueron del monasterio de Huerta, aparecen en el testamento de doña Blanca en 1293 y acabaron en poder de los Mendoza.

En el siglo XIX, Madoz calculaba que Armallá producía entre 16.000 y 18.000 fanegas de sal al año. Trabajaban allí unos cuarenta jornaleros, muchos de las propias salinas y de Baños de Tajo.

Cómo se hacía la sal

La temporada iba de junio a octubre, y en mayo se preparaban las eras. Del pozo, movida por una noria, salía la salmuera, que pasaba por canales de madera de sabina hasta las albercas, donde reposaba y se concentraba. Después se repartía en las eras, balsas poco profundas donde el sol hacía el resto. Cuando la costra blanca estaba lista, se arrastraba con rastrillos hasta formar caballones, se secaba y se llevaba al almacén en mulas.

Todavía hoy, quien pasa la mano por esos canales de sabina nota un tacto sedoso, pulido por siglos de agua salada.

Valsalobre: la última saca

En Valsalobre, cuyo nombre ya habla de sal, la salina funcionó hasta 1982. Quienes la trabajaron lo han contado en primera persona en las entrevistas de Vestal Etnografía. El abuelo la había comprado a un vecino de Masegosa y la familia la llevó durante décadas. El nieto recuerda la última saca: fue el año en que se marchó a la mili, cuando su padre dijo que solo ya no se atrevía.

El método era el de siempre, con algún cambio. A mediados de junio se lavaban las albercas, hechas con madera y losas, nunca con hierro ni cemento, porque la sal los come. Se echaba una lámina de salmuera de cinco o seis centímetros y se esperaba. El enemigo era la tormenta de verano: una tarde de lluvia echaba a perder la saca, porque había que evaporar primero el agua dulce. La sal se recogía con rastrillos y palas de madera, se amontonaba en las calles entre albercas para que escurriera y se barría con escobas de baleo, una mata del monte.

Se vendía a la medida, una media de madera enrasada, y cuatro medias hacían el quintal. El salinero dejaba siempre «un poco de regalo» sin rasar. Quien no pagaba en el momento quedaba apuntado con rayas en una columna de piedra: una raya por carretilla, una cruz cada diez. Todavía se ven en la pared de la casa los agujeros donde se ataban las mulas que venían a por los costales.

¿Por qué cerró? Por lo mismo que se vació el pueblo. Cada vecino compraba una o dos arrobas al año para la matanza, pero el gran cliente era el ganado: los pastores calculan que solo en Villanueva, el pueblo vecino, había unas 15.000 ovejas, y miles más en Valsalobre, Carrascosa, Peñalén o Tragacete. Las ovejas pedían sal en la sierra; en los pastos de invierno del sur, no. Cuando se acabaron los rebaños y llegaron los bloques de sal para colgar y la sal marina barata, las salinas de interior dejaron de tener sentido. Los últimos sobrantes acabaron en las carreteras, contra el hielo.

Saelices de la Sal: la salina del rey

En Saelices de la Sal la sal era asunto de Estado. La Corona tenía el monopolio y con Carlos III las salinas se reconstruyeron con criterios casi industriales: eras en perfecta simetría, pozos con cubiertas octogonales y almacenes enormes, más propios de una catedral que de un pueblo de pocos vecinos. A principios de este siglo se restauraron para volver a producir y en el almacén se habilitó un espacio sobre la sal. Se pueden recorrer por libre o con visita guiada, y muy cerca están las salinas de San Juan.

Paisaje de sal

Las salinas crean hábitats raros: suelos salinos con plantas adaptadas a la sal, muy raras tierra adentro, y lagunas salobres como la de La Salobreja. Es la misma historia contada dos veces: primero por la geología y después por la gente que aprendió a sacarle partido.

Palabras del oficio

Media
Medida de madera para la sal o el grano. Cuatro medias hacían un quintal.
Alega
Losa donde el pastor echaba la sal al ganado.
Era
Balsa poco profunda, enlosada o de tierra apisonada, donde el sol evaporaba la salmuera hasta dejar la sal.
Recocedero o alberca
Depósito donde la salmuera reposaba y se concentraba antes de pasar a las eras.
Pozo con noria
Pozo del que se sacaba el agua salada; en Armallá y Saelices, bajo cubiertas octogonales de madera.
Alfolí
Almacén de la sal. De la palabra árabe para «granero».
Fanega
Medida antigua de capacidad, usada también para contar la producción de sal.

Dónde verlo hoy

Preguntas frecuentes

¿Cómo se obtenía sal en el interior, lejos del mar?

Sacando agua de manantiales o pozos salados, que atraviesan capas de sal del Triásico, y dejándola evaporar al sol en eras poco profundas. La temporada iba de junio a octubre; en mayo se preparaban las eras.

¿Cuáles son las salinas más importantes del Alto Tajo?

Las de Saelices de la Sal y las de Armallá (Tierzo) son las mayores y mejor conservadas, con almacenes monumentales, eras y pozos con noria. Hay otras en Terzaga, La Inesperada (Ocentejo), Valsalobre, Traid o Pinilla.

¿Qué significa Armallá?

El topónimo procede del árabe y significa, más o menos, «mina de sal». Sobre las salinas se alza un cerro con restos de época islámica.

Fuentes

  1. Boletín del Parque Natural del Alto Tajo «El río que nos lleva», n.º 3: salinas del Parque.
  2. El Alfolí, revista de la Asociación de Amigos de las Salinas de Interior.
  3. Boletines 5 y 6 del Parque Natural del Alto Tajo: restauración de Saelices y Armallá.
  4. Guía turística del Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo.
  5. Testimonio de Gabriel, Fulgencio y Agustín sobre las salinas de Valsalobre (Vestal Etnografía, YouTube).

Textos propios redactados a partir de estas fuentes. Datos contrastados; cuando las fuentes discrepan, se indica. Bibliografía completa.

Siguiente relato: Chozones sabineros: la casa del pastor y del rebaño