Oficio · siglo XVI – años 50 del siglo XX · Sal, hierro y madera
Gancheros: los pastores del bosque flotante
Los gancheros conducían por el río miles de troncos sueltos desde los pinares del Alto Tajo y la Serranía de Cuenca hasta Aranjuez. Con una vara de avellano rematada en un gancho guiaban maderadas de hasta 100.000 piezas. El oficio, documentado desde el siglo XVI, se extinguió con los embalses y los camiones. En 2022 la UNESCO lo reconoció como Patrimonio Inmaterial.
Un bosque que viajaba por el agua
Mira los pinos laricios que cuelgan de los cortados del Tajo e intenta imaginar el camino inverso: esos troncos bajando por el río, sueltos, cientos de kilómetros, hasta Aranjuez. Durante siglos fue así. Desde los pinares de la cabecera, de los Montes Universales, de la Serranía de Cuenca y de la sierra de Molina, la madera bajaba por el Tajo, el Cabrillas, el Gallo, el Ablanquejo, el Cuervo o el Escabas. Quienes la conducían eran los gancheros.
Ya en tiempos de Felipe II las relaciones topográficas hablan de maderas de las sierras de Cuenca y Molina bajando por el Tajo hacia Toledo. En el siglo XVIII el destino se trasladó a Aranjuez, y desde mediados del XIX el ferrocarril, que competía con el río, se convirtió también en su mejor cliente: traviesas para las vías y postes de telégrafo.
Cómo era una maderada
Por pequeña que fuera, una maderada no bajaba con menos de un centenar de hombres. Las grandes podían tener cien mil pinos y mil gancheros repartidos a lo largo de treinta kilómetros de río. Cada uno llevaba su gancho, una vara de avellano de dos o tres metros acabada en una punta y un garfio de hierro. Con ella bullaban los troncos (los pinchaban para empujarlos) o los bailaban (los hacían girar para desatascarlos).
La partida se organizaba en tres compañías. La delantera, con los más diestros, abría camino, despejaba obstáculos y levantaba las artillas, presas de troncos que embalsaban el agua y, al romperse, empujaban la madera en los tramos de poco caudal. El centro, el grueso de los hombres, se ocupaba de que no se formaran tapones. La zaga cerraba la maderada y deshacía lo que había construido la delantera. El calendario lo marcaba el deshielo. «Marzo con sus marzadas se lleva las maderadas», dice el refrán ganchero que recuerda Cipriano Valiente, estudioso de los gancheros de la Serranía de Cuenca. Una maderada de cuarenta a ochenta mil troncos podía ocupar ocho o diez kilómetros de río. Por encima de todos estaba el maestro de río, que conocía cada paso y cada remanso, y de cuyas decisiones dependía la madera, pero también la vida de sus hombres.
Alrededor había todo un campamento en marcha: cocineros, encargados de la ropa, mulas y, a menudo, niños. Empezaban con cuatro o cinco años como rancherillos, ayudando en la cocina, y con diez ya eran gancherillos. Sus raciones de pan, vino y aceite ayudaban a la economía familiar.
Una vida en el agua
Las maderadas se hacían cuando el río llevaba agua, es decir, en invierno y primavera. El ganchero pasaba semanas metido en el río hasta la cintura, durmiendo al raso, con la ropa mojada y un jornal escaso. Por la noche la madera no se podía dejar suelta: se buscaba la presa de un molino o un estrechamiento y se trababan los primeros troncos para que los demás se fueran deteniendo solos.
Muchos gancheros eran de los pueblos ribereños: de Peralejos, Taravilla, Poveda, Zaorejas, Peñalén, y de Priego, Cañamares o Poyatos en Cuenca. Pero los maestros de río más famosos del siglo XIX venían de Chelva y Cofrentes, en Valencia. Los chiquillos de los pueblos del Tajo les cantaban una coplilla burlona sobre las mujeres de Chelva que, con sus maridos siempre en el río, ya están buscando marido.
1936: la última gran maderada
La conducción de 1936 quedó atrapada por la historia. Cuando estalló la guerra, los ríos estaban llenos de madera; hubo huelga de gancheros, muchos hombres acabaron en el frente, y el viaje hasta Aranjuez duró nueve meses. Se considera la última gran maderada del Tajo. Después hubo transportes menores, pero el embalse de Entrepeñas, inaugurado en 1954, cortó el río y el camión terminó el trabajo. Un oficio de al menos cuatro siglos se apagó en una generación.
Dónde se recuerda hoy
El oficio sobrevive en la Fiesta Ganchera, declarada de Interés Turístico Regional, que cada verano se celebra en uno de los cinco pueblos gancheros del Alto Tajo: Peralejos de las Truchas, Taravilla, Poveda de la Sierra, Zaorejas y Peñalén, donde el puente es escenario habitual de la conducción. Hombres vestidos a la antigua vuelven a meterse en el agua con el gancho. En Cuenca, el Museo de los Gancheros y la Madera de Puente de Vadillos, junto al Guadiela, guarda herramientas y fotografías.
Desde 2021 el oficio es Bien de Interés Cultural en Castilla-La Mancha y, desde diciembre de 2022, forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en una candidatura internacional sobre la conducción de madera por flotación.
Pero donde mejor se entiende es en el propio río. Desde el Puente de San Pedro hasta el Salto de Poveda, cada estrechamiento del cañón fue un problema que alguien tuvo que resolver, con el agua helada por la cintura y una vara de avellano en las manos. José Luis Sampedro los llamó «pastores del bosque flotante». No se ha encontrado nombre mejor.
Del archivo
Palabras del oficio
- Maderada
- Conjunto de troncos sueltos que se conducía río abajo en una misma campaña. Las grandes superaban los 100.000 pinos.
- Gancho o bichero
- Vara de avellano de dos a tres metros con una punta y un garfio de hierro. La herramienta que dio nombre al oficio.
- Bullar
- Pinchar el tronco con el gancho para empujarlo o arrastrarlo.
- Bailar
- Hacer girar el tronco en el agua para desatascarlo o encarrilarlo.
- Maestro de río
- Jefe de la maderada. Tenía que conocer el río palmo a palmo y contar con la confianza del dueño de la madera.
- Delantera, centro y zaga
- Las tres compañías de la maderada: la que abre camino, la que evita atascos y la que cierra y recoge lo que queda.
- Artilla
- Presa improvisada con los propios troncos para embalsar agua y, al soltarla, arrastrar la madera en los tramos sin caudal.
- Rancherillo y gancherillo
- Niños de la maderada: primero ayudantes del cocinero, después aprendices con gancho.
Dónde verlo hoy
Preguntas frecuentes
¿Qué hacía un ganchero?
Conducía troncos sueltos por el río, sin balsas, desde los pinares de la cabecera hasta los puntos donde se sacaba la madera, como Aranjuez. Con el gancho empujaba, giraba y desatascaba las piezas, y construía presas efímeras para superar los tramos difíciles.
¿Cuándo desaparecieron los gancheros del Tajo?
La maderada de 1936, atrapada por el inicio de la guerra, se considera la última gran conducción hasta Aranjuez. Siguió habiendo transportes menores hasta que el embalse de Entrepeñas, inaugurado en 1954, cortó el río. El camión hizo el resto.
¿Dónde se puede conocer hoy el oficio de ganchero?
En la Fiesta Ganchera, que cada verano rota entre Peralejos de las Truchas, Taravilla, Poveda de la Sierra, Zaorejas y Peñalén, y en el Museo de los Gancheros y la Madera de Puente de Vadillos (Cañizares, Cuenca). La novela de Sampedro sigue siendo la mejor puerta de entrada.
¿Es el oficio de ganchero Patrimonio de la Humanidad?
Sí. En diciembre de 2022 la UNESCO inscribió la conducción de madera por flotación en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial, en una candidatura conjunta de Polonia, Austria, Chequia, Letonia y España. Castilla-La Mancha ya lo había declarado Bien de Interés Cultural en 2021.
Fuentes
- Berlanga Santamaría, A.: La industria resinera en Guadalajara. Expansión y declive. Diputación de Guadalajara, 2023 (cap. II, maderadas del Tajo).
- Lindo Martínez, J. L.: Maderadas y gancheros. Castilla-La Mancha. JCCM, 2008.
- Sampedro, J. L.: El río que nos lleva (1961).
- Fichas de campo «Gancheros, agua y madera», El Observario (documentación interna de interpretación).
- Guía turística del Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo: Fiesta de los Gancheros.
- Entrevistas a Cipriano Valiente sobre las maderadas conquenses (Vestal Etnografía, YouTube).
Textos propios redactados a partir de estas fuentes. Datos contrastados; cuando las fuentes discrepan, se indica. Bibliografía completa.
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