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Episodio · 1138 – 1813 · La frontera y el Señorío

Un estado entre dos reinos: el Señorío de Molina

Durante más de siglo y medio, Molina y su tierra fueron un señorío independiente entre Castilla y Aragón, gobernado por los Lara con fuero propio desde 1154. En 1293 pasó a la reina María de Molina y desde 1321 su señor fue el rey de Castilla, pero el fuero y la organización en cuatro sexmas duraron hasta 1813. Aquella tierra común sigue existiendo: es la comarca del Señorío de Molina.

Castillo de Molina de Aragon

Foto: El Observario

Una tierra en la raya

Hay pocos lugares en España donde la historia se note tanto en el nombre de las cosas. Aquí los pueblos no son de una comarca, son del Señorío; la ciudad no es Molina a secas, es Molina de Aragón aunque esté en Castilla; y cuando un molinés dice «la tierra» se refiere a algo muy concreto: la villa y sus aldeas, que durante casi siete siglos se gobernaron juntas con leyes propias.

Todo empieza en una frontera. En el siglo XI Molina era cabeza de una pequeña taifa andalusí. El Cantar de mio Cid recuerda a su alcaide, Abengalbón, el moro amigo que acoge al Campeador y a los suyos. En 1128 o 1129, según las fuentes, la tomó Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, pero repoblarla le tocó a Castilla. Dos reinos creían tener derecho a la misma tierra.

Manrique de Lara, señor «por la gracia de Dios»

La salida fue un tercero. Manrique Pérez de Lara, el noble más poderoso de Castilla, que tenía la confianza de los dos reyes, medió en la concordia de Carrión de 1137. Castilla devolvió a Aragón Calatayud y Daroca, y ambos monarcas aceptaron a Manrique como señor de Molina y Mesa. En 1138 nacía un señorío que no dependía de ninguna corona. Sus señores firmaban Dei gratia, «por la gracia de Dios», la misma fórmula que usaban reyes y obispos.

El 21 de abril de 1154, Manrique dio a su tierra un fuero. No era una ley inventada, sino la puesta por escrito de costumbres ya vivas, emparentadas con las de otros fueros de frontera. Organizaba la villa en colaciones y la tierra en aldeas, y cada año, un domingo de finales de verano cerca de San Miguel, los vecinos elegían a sus cargos: el juez, que guardaba el sello del concejo, los alcaldes, los jurados y los caballeros de la Sierra, que vigilaban montes y pastos. Para ser elegido bastaba con ser caballero, y para ser caballero bastaba con tener un buen caballo y armas listas para la guerra. En una tierra de frontera, quien defendía también gobernaba.

Manrique murió en 1164 en la batalla de Huete, peleando contra los Castro por la tutela del rey niño Alfonso VIII, y fue enterrado en el monasterio de Santa María de Huerta. Sus descendientes gobernaron Molina durante más de un siglo.

Doña Blanca

La figura que más se recuerda en Molina es una mujer. Blanca Alfonso de Molina, quinta señora, heredó el señorío en 1272 y, a diferencia de otros señores, vivió siempre en Molina. Amplió el fuero tres veces, la primera a petición del concejo y las aldeas, y reservó los cargos principales a los caballeros de la villa. Terminó el castillo, que todavía conserva la Torre de Doña Blanca, y fundó en 1284 el monasterio de San Francisco. La iglesia que fundó en 1280 es hoy la de Santa Clara. A su tiempo se atribuye el cabildo de cien caballeros, llamados desde entonces de Doña Blanca, y el de ballesteros.

Fue también una señora de frontera en el sentido más literal. En 1285, cuando las tropas aragonesas volvían de una incursión cargadas de botín, doña Blanca les salió al paso y se lo quitó. Poco después quiso casar a su hija con el rey de Aragón, y su cuñado Sancho IV de Castilla, que no estaba dispuesto a que Molina acabara en manos aragonesas, la encerró en el Alcázar de Segovia hasta que aceptó sus condiciones.

Doña Blanca murió en Molina en mayo de 1293. Su testamento dejó el señorío a Sancho IV y a su hermana, la reina María de Molina. Así el pequeño estado entró en la familia real castellana.

Un rey como señor

María de Molina fue reina y dos veces regente de Castilla. Cuando murió, el 1 de julio de 1321, el señorío pasó a su nieto Alfonso XI, y desde entonces el título de señor de Molina quedó ligado al de rey. Pero Molina no se disolvió en Castilla. Conservó su fuero, su concejo y su manera de organizarse, y los reyes, al heredar, juraban respetarlos.

Ese juramento se puso a prueba dos veces. En 1369, tras la guerra entre Pedro I y su hermanastro, Enrique II regaló Molina al capitán francés Bertrand du Guesclin. Los molineses se negaron a tener un señor extranjero y se entregaron al rey de Aragón, Pedro IV. En su honor la villa cambió su apellido, de los Caballeros, por el de de Aragón, y dio ese nombre a una torre de su fortaleza, la Torre de Aragón. En 1375 la paz de Almazán devolvió Molina a Castilla, pero el nombre se quedó. En 1465, Enrique IV intentó dar el señorío a su valido Beltrán de la Cueva; los molineses tomaron las armas, vencieron a sus tropas en Rueda y el rey tuvo que renunciar.

Cuatro sexmas y una tierra común

La tierra de Molina se organizó como las comunidades de villa y tierra de la frontera castellana: una villa principal rodeada de aldeas que compartían montes, pastos y obligaciones. En Molina hubo cuatro sexmas: Campo, Pedregal, Sabinar y Sierra. El nombre no implica que todas las comunidades se dividieran en seis; el número variaba según la tierra. La organización incluía también veintenas y quiñones, divisiones vinculadas al reparto de la tierra y sus cargas.

Algunos de estos nombres son hoy despoblados o barrios de otro municipio; otros siguen con vida propia. El reparto no era solo administrativo: de él dependía quién podía llevar el ganado a qué pastos y quién cortaba leña en qué monte. Grandes montes como Sierra Molina fueron durante siglos pasto común de toda la tierra.

Frontera en paz: lana, aduana y casonas

Con la unión de Castilla y Aragón, a finales del siglo XV, la frontera dejó de ser campo de batalla y se convirtió en negocio. Molina estaba en el paso entre los dos reinos y tenía aduana, y su tierra vivía de la lana. Con los Reyes Católicos entró dinero y la villa creció.

Desde el siglo XVI llegaron además al Señorío muchas familias del norte, de Navarra y el País Vasco. Enriquecidas con el ganado y la tierra, y orgullosas de su hidalguía, dejaron su marca en piedra: las casonas molinesas. Son casas grandes de sillar, con portada rematada por un escudo, rejas de forja, patio y escalera amplia, casi todas de los siglos XVII y XVIII. Hay conjuntos notables en Milmarcos, Tortuera, Tartanedo, Embid, Setiles, Hinojosa o Peralejos de las Truchas. En algunas portadas de Embid, los símbolos tallados junto al escudo aluden al ganado que hizo ricos a sus dueños.

La frontera volvió a pesar en las guerras. En 1641, Felipe IV y el conde-duque de Olivares reunieron en Molina Cortes y ejército antes de marchar contra la sublevación de Cataluña. En la guerra de Sucesión el Señorío se mantuvo fiel a Felipe V y fue campo de batalla: los austracistas ocuparon Molina en 1706 y los borbónicos la recuperaron ese mismo año. Aquellas guerras y las epidemias del siglo XVIII abrieron una larga decadencia.

El final: Anguita, 1813

El Señorío resistió hasta el final como algo aparte. A finales del siglo XVIII quedó bajo la intendencia de Cuenca y, desde 1802, de Guadalajara. En la guerra de la Independencia se formó una Junta Superior del Señorío de Molina, y la resistencia de la villa fue tal que los franceses la incendiaron en represalia; las Cortes le dieron después el título de Muy Noble y Muy Leal Ciudad. La Constitución de 1812 todavía cita al Señorío como una entidad más.

El 25 de abril de 1813, en plena guerra, se constituyó en Anguita la Diputación Provincial de Guadalajara con Molina. Con ella se disolvió el Señorío y se abolió su fuero, que había durado casi sin cambios más de seis siglos y medio. La provincia de Guadalajara, tal como la conocemos, se creó en 1833.

Lo que queda

El Señorío como estado desapareció, pero la tierra común no. La Comunidad del Real Señorío de Molina y su Tierra, con sede en Molina, sigue administrando fincas rústicas, cotos de caza y otros bienes de sus pueblos, y elige a sus apoderados por sexmas, como hace siete siglos. Sus estatutos modernos se aprobaron en 1968. Y el Señorío es el único territorio histórico que el Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha menciona expresamente, con la posibilidad de reconocerlo por ley como entidad supramunicipal.

También queda en la piedra: en el castillo de Molina, uno de los más grandes de España, Monumento Nacional desde 1931; en el casco histórico, su puente viejo y los restos de la judería medieval del Prao de los Judíos; en castillos de la frontera como Zafra, Castilnuevo o Embid; y en las salinas de Armallá, que ya cita el fuero de 1154 (su historia está en La sal de la tierra). Y queda, sobre todo, en la manera de nombrar: aquí la gente sigue siendo del Señorío.

La frontera tenía nombres pequeños

Un proceso de deslinde de 1404–1407 entre Molina y Albarracín conserva nombres de fuentes, arroyos y majadas de Sierra Molina. Eran referencias que permitían discutir los límites sobre un terreno conocido.

La historia del Señorío se puede seguir también desde esas palabras, como cuenta Una sierra escrita con nombres.

Vocabulario

Sexma
Cada una de las partes en que se dividía la tierra de Molina para repartir cargas, pastos y representación. En Molina eran cuatro, no seis: Campo, Pedregal, Sabinar y Sierra.
Sexmero
Representante de una sexma ante el Común. Hoy la Comunidad del Señorío sigue eligiendo apoderados por sexmas.
Veintena
División de la sexma que correspondía, más o menos, a una aldea y sus tierras.
Quiñón
Parte de tierra que tocaba a cada vecino en el reparto. Cada veintena se dividía en unos cinco.
Aportellado
Cargo elegido cada año según el fuero: juez, alcaldes, jurados. Tenía que ser caballero, es decir, tener caballo y armas.
Colación
Barrio o parroquia de la villa de Molina, unidad para organizar a los vecinos.
Caballeros de la Sierra
Guardas a caballo que elegía el concejo para vigilar montes y pastos de la tierra.
Común de Villa y Tierra
Institución que reunía a la villa y sus aldeas para gobernar juntas los bienes comunes: montes, pastos, dehesas.

Dónde verlo hoy

Preguntas frecuentes

¿Qué fue el Señorío de Molina?

Un señorío de origen medieval formado por la villa de Molina y sus aldeas, independiente de Castilla y de Aragón desde 1138 hasta finales del siglo XIII, con fuero propio desde 1154. A partir de 1321 su señor fue el rey de Castilla, y después el de España, pero conservó fuero e instituciones hasta 1813.

¿Por qué se llama Molina de Aragón?

En 1369 los molineses rechazaron a Bertrand du Guesclin, a quien Enrique II había dado el señorío, y se entregaron al rey de Aragón. En su honor la villa cambió el apellido «de los Caballeros» por el de «de Aragón» y dio ese nombre a una torre de su fortaleza. En 1375 volvió a Castilla, pero conservó el nombre.

¿Qué eran las sexmas del Señorío de Molina?

Las cuatro partes en que se dividía la tierra de Molina: la del Campo, al norte; la del Pedregal, al este; la del Sabinar, al oeste, y la de la Sierra, al sur. Cada una reunía unas veinte aldeas y tenía sus representantes ante el Común.

¿Sigue existiendo el Señorío de Molina?

Como estado, no: se disolvió en 1813. Pero la Comunidad del Real Señorío de Molina y su Tierra sigue administrando bienes comunes de sus pueblos, organizada por sexmas, y el Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha lo cita como territorio histórico.

Fuentes y lecturas
  1. Wikipedia: «Real Señorío de Molina», «Manrique Pérez de Lara», «Blanca Alfonso de Molina», «María de Molina» y «Castillo de Molina de Aragón».
  2. Carlos Estepa Díez, «Frontera, nobleza y señoríos en Castilla: el señorío de Molina (siglos XII-XIII)», Studia Historica. Historia Medieval, 24 (2006).
  3. Antonio Herrera Casado, «El Fuero de Molina» (1981) y «Las casas grandes molinesas» (2020), en herreracasado.com.
  4. Plácido Ballesteros San José y otros, Guía histórica de la Diputación Provincial de Guadalajara (1813-2001). Diputación de Guadalajara, 2001.
  5. Fuero de Molina y Historia de Molina de Aragón y de su Noble y Muy Leal Señorío, de Diego Sánchez Portocarrero, en Wikisource.

Para seguir leyendo sobre la historia de este territorio. Bibliografía completa.

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