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Oficio · Edad Media – años sesenta · Sal, hierro y madera

El agua que movía: molinos, batanes, martinetes y la primera luz

Antes de la electricidad de red, el agua del Tajo y sus afluentes era el único motor del Alto Tajo. Movía las piedras de los molinos harineros, que cobraban en maquila; los mazos de los batanes, que daban cuerpo a los paños de lana; y los martinetes de las herrerías. En el siglo XX algunos molinos se hicieron «molinos de la luz» y dieron las primeras bombillas. De aquellas obras quedan ruinas, saltos de agua y presas que hoy se quieren retirar.

Salto de Poveda

Foto: El Observario

Un motor que bajaba del monte

Hasta hace setenta años, en el Alto Tajo la única fuerza que no salía de un brazo o de una mula era la del agua. El Tajo, el Gallo, el Cabrillas, el Hoz Seca y cualquier arroyo con un poco de desnivel movían ruedas. Cada pueblo con agua tenía su molino, y a veces dos o tres; donde había lana cerca había batán, y donde había hierro, herrería. Por eso el agua era un bien que se repartía con cuidado y se pleiteaba con pasión: quién podía levantar un azud, cuánta agua se desviaba, a qué horas se regaba y a qué horas se molía.

El molino y la maquila

La técnica era sencilla y sabia. Un azud, una pequeña presa de piedra y ramas, desviaba parte del río hacia un caz, el canal que llevaba el agua al molino. Donde había poco caudal pero mucho desnivel se construía un cubo, un depósito alto que acumulaba el agua para que cayera con fuerza. Abajo, el agua hacía girar el rodezno, una rueda horizontal con paletas, y su eje movía la piedra de moler sobre la piedra fija.

El molinero no cobraba en dinero: cobraba en maquila, una parte del grano que le llevaban, medida con cazos o con el celemín. En los pueblos de la cordillera se decía que de molinero se podía cambiar, pero de ladrón no se escapaba nadie. Era un chiste con fondo: nadie veía bien cuánto se quedaba el molinero.

En el Alto Tajo quedan molinos en ruinas en casi todas las riberas. Junto al Tajo, en Ocentejo, el molino del Batán conserva su cubo cilíndrico de gran altura, alimentado por un arroyo. A unos dos kilómetros de Peralejos, la cascada del Molino de Arriba nació de una vieja presa, hoy abandonada, que el río ha hecho suya; el nombre dice para qué servía. Y en el páramo, donde no había río, Alustante tuvo una rareza: un molino de viento, citado en 1860 y ya parado en 1886.

El batán: la otra mitad de la lana

El Señorío vivía de sus rebaños, y la lana no salía toda en bruto. Los paños que se tejían en los telares de las casas eran flojos; para darles cuerpo había que abatanarlos. En el batán, el agua movía dos grandes mazos de madera que golpeaban, uno tras otro, la pieza de tela en remojo. El paño encogía, se apretaba y salía más grueso y resistente, capaz de aguantar un invierno de pastor. El nombre ha quedado en el paisaje: el molino de Ocentejo se sigue llamando del Batán.

El martinete: hierro al ritmo del río

Las herrerías usaban el agua para dos cosas: mover los fuelles que avivaban la fragua y levantar el martinete, un mazo enorme que caía una y otra vez sobre el hierro al rojo. Junto al Hoz Seca, en Peralejos, quedan las ruinas de la herrería de los Morencos, un gran edificio del siglo XVIII, y muy cerca el Puente del Martinete guarda el nombre del mazo. La historia del hierro, las caleras y las tejeras está en Los oficios del fuego.

Madera contra molinos

El río no era solo de los molineros. Por él bajaban también las maderadas de los gancheros, miles de troncos que podían romper un azud o atascar un caz. La costumbre, contada por los propios gancheros, era clara: el río era un camino para todos, pero si la madera hacía daño a un molino, los de la maderada pagaban el arreglo. Por eso el jefe de la maderada respondía ante molineros, dueños de batanes y justicia a lo largo de todo el viaje. Lo cuenta el relato de los gancheros.

El molino de la luz

A finales del siglo XIX llegó la dinamo, y con ella una idea que se extendió por toda la cordillera: si el agua movía una piedra, también podía mover una turbina. En los valles del sistema Ibérico, muchos molinos harineros montaron turbinas y se convirtieron en pequeñas fábricas de luz. En la memoria de los pueblos quedó el nombre de «el molino de la luz». El molino del Batán de Ocentejo fue uno de ellos: llegó a dar electricidad al pueblo.

Aquella primera luz era escasa y se medía por bombillas. En los pueblos de la sierra se recuerda que cada casa pagaba según las bombillas que tuviera, y que el encargado de la luz ponía un precinto para que nadie enganchara una más de las contratadas. Había quien no quería ni una por miedo a que ardiera la casa. La luz iba y venía con el caudal del río, y en algunos pueblos de la sierra la red eléctrica llegó muy tarde.

Presas que no fueron y presas que se van

El siglo XX también trajo proyectos más grandes. En el Tajo, entre Poveda y Taravilla, se levantó una presa para una central hidroeléctrica que debía dar luz a la comarca y embalsaba el agua en la Chorrera. Nunca llegó a funcionar: el terreno, lleno de grietas, dejaba escapar el agua, las filtraciones hicieron inviable la central y acabaron rompiendo el dique. Las fuentes no coinciden en la fecha. Lo que vino después sí está claro: el agua del Tajo, cargada de cal, fue forrando de toba el hormigón roto hasta convertirlo en el Salto de Poveda, la mayor cascada del curso alto del río. Los barracones de los obreros son hoy las Casas del Salto.

Aguas abajo, junto al edificio de toba del Campillo, en Zaorejas, quedan la presa de la Rocha y su antigua central. Ya no se usa, y es una de las barreras del río que se quieren retirar: las presas cortan el paso a los peces y a los sedimentos, y devolver al Tajo su cauce natural es hoy un objetivo de conservación. Es el final lógico de esta historia. Durante siglos el Alto Tajo vivió de domar el agua; ahora aprende a dejarla correr.

Los molinos modernos están en lo alto, no en el río: desde 2008 los aerogeneradores del parque eólico de Caldereros giran en el término de El Pobo de Dueñas.

El molino que necesitaba cuidados

El relato continúa por los ríos y sus cuencas: el Gallo lleva a Molina; el Bullones a las salinas de su valle; el Linares o Salado a Casares, Riba y la red de Saelices. Cada rama ayuda a situar una memoria del agua.

En Alustante, Diego Sanz encontró en una visita pastoral de 1502 órdenes para limpiar la presa y reparar el cubo del molino de Cirujeda. También se pedía un cobertizo para los animales que llevaban el trigo. Más tarde, los acuerdos de 1883 trataron de compatibilizar la molienda y el riego.

El agua era un motor, pero también un recurso compartido. Mantener el molino exigía arreglos y acuerdos. Detrás de las piedras que hoy miramos hubo esa tarea continuada de hacer posible el trabajo.

Palabras del oficio

Maquila
La parte del grano que se quedaba el molinero como pago por moler. Se medía con cazos o medidas como el celemín.
Celemín
Medida de capacidad para el grano, la duodécima parte de una fanega.
Azud
Pequeña presa en el río que desvía parte del agua hacia el molino.
Caz
Canal que lleva el agua desde el azud hasta el molino.
Cubo
Depósito vertical, a menudo cilíndrico y alto, que acumula agua para que caiga con fuerza sobre la rueda. Típico de los molinos con poco caudal y mucho salto.
Rodezno
Rueda horizontal con paletas, bajo el molino, que al girar con el agua mueve la piedra de moler.
Batán
Máquina de grandes mazos de madera movidos por agua que golpeaba los paños de lana en remojo para apretarlos y darles cuerpo.
Martinete
Gran mazo de forja accionado por una rueda hidráulica. Da nombre al Puente del Martinete, en Peralejos.
Molino de la luz
Nombre popular del molino, o de la pequeña central, que daba electricidad al pueblo.

Dónde verlo hoy

Preguntas frecuentes

¿Cómo se pagaba al molinero?

Con maquila: el molinero se quedaba una parte del grano que le llevaban a moler, medida con cazos o con el celemín. De ahí el dicho de que de molinero se podía cambiar, pero de ladrón no se escapaba nadie.

¿Qué es un batán?

Una máquina movida por agua con grandes mazos de madera que golpeaban los paños de lana en remojo para apretar el tejido y hacerlo más resistente. En una tierra de rebaños como el Señorío, era la otra mitad del oficio de la lana.

¿Por qué el Salto de Poveda nació de una presa?

En el siglo XX se levantó allí una presa para una central hidroeléctrica que nunca llegó a funcionar: las filtraciones lo impidieron y acabaron rompiendo el dique. El río lo ha cubierto de toba y hoy es la mayor cascada del curso alto del Tajo.

Fuentes y lecturas
  1. Fichas del atlas: molino del Batán (Ocentejo), Molino de Arriba (Peralejos), herrería de los Morencos, presa de la Rocha y molino de viento de Alustante.
  2. Caminos Naturales (Ministerio de Agricultura): Salto de Poveda. elDiario.es: «El curioso origen de esta cascada, la más grande del curso alto del Tajo».
  3. Xilocapedia (Centro de Estudios del Jiloca): «Fábrica de luz», sobre la conversión de molinos en centrales en el sistema Ibérico aragonés.
  4. Entrevistas etnográficas de Vestal Etnografía en la Serranía de Cuenca (Boniches, San Martín de Boniches, Valsalobre) y a Cipriano Valiente sobre los gancheros, usadas solo para rasgos comunes a la cordillera.

Para seguir leyendo sobre la historia de este territorio. Bibliografía completa.

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