Episodio · 1904 – posguerra · El frente del río
La guerra que entró en las casas
Isidro García tenía nueve años y cuidaba ovejas en Checa cuando empezó la guerra. En Alustante, el tendero Crescenciano Lorente, que había sido alcalde republicano, tuvo que marcharse. La Previsora, la sociedad que los labradores de Checa fundaron en 1904, no volvió a levantarse. Tres historias de revistas locales que cuentan la guerra desde dentro de las casas.
Un pastor de nueve años
Isidro García Gómez nació en Checa el 6 de marzo de 1927, en casa, como se nacía entonces, con el médico del pueblo y alguien que ayudara. Era el quinto de ocho hermanos. A los nueve años ya iba de pastor con las ovejas, y la guerra le llegó así, en el monte. No pudo ir a la escuela. Aprendió a leer, a escribir y las cuatro reglas con Luis Martínez, el tío Leyes, otro pastor, al que años después entrevistaría Labordeta en Un país en la mochila.
Su nieta, María Lozano, escribió su vida en la revista Aguaspeña en 2011. La familia vivía a temporadas en Sierra Molina, el paraje de labor de Checa. Durante la guerra no pasaron demasiada hambre: la madre cocía el pan con su propio trigo y tenían animales. Fue, aun así, una época dura. De niño jugaba a la gua y a las cartetas, siempre en la calle.
Después vino la vida de trashumante. Cada invierno bajaba con el rebaño a Andalucía o a Ciudad Real, con mastines y careas y yeguas percheronas que tiraban del carro. Tardaban cerca de un mes en llegar andando a la finca. Allí vivía en un cortijo sin luz ni agua corriente: bebía del pozo y se lavaba en el arroyo. Más tarde solo hacía la vereda hasta Chillarón, en Cuenca, y desde allí el ganado seguía en tren. Los últimos años, todo el viaje se hacía en camión hasta Jaén. Él decía que para los animales era más duro el tren y el camión que ir andando. La trashumancia le duró casi toda la vida.
Sierra Molina, tierra de nadie
Aquella sierra donde vivía la familia de Isidro quedó durante la guerra entre los dos frentes. Antonio Martínez Mansilla lo cuenta en su historia de La Previsora: los campos de Sierra Molina no pudieron labrarse, porque mujeres, niños, yunteros, pastores y ganados corrían el riesgo de ser apresados en las incursiones de las tropas republicanas acantonadas en los límites de Teruel y Cuenca. Es el relato de un vecino de Checa, escrito en 1994. Lo mismo recordaba él en otro artículo, el de los viejos labradores: la sierra dejó de cultivarse y hubo que volver a trabajarla después.
Lo que los labradores habían construido
La Previsora nació el 24 de junio de 1904, día de San Juan, fundada por los labradores de Checa. Antes de ella, conseguir simiente prestada suponía devolverla con intereses de usura. La sociedad empezó con una casa y unos montones de trigo, centeno, avena y yeros. Prestaba una fanega de grano y cobraba a la cosecha una fanega y un celemín, lo justo para crecer y cubrir las mermas. Podía ser socio cualquier cabeza de familia del pueblo, labrador o no. El presidente era el alcalde; los demás cargos se elegían, y quien faltaba a la junta pagaba una peseta de multa y a la cuarta ausencia quedaba fuera.
Con lo que reunía, La Previsora extendió la asistencia médica gratuita a todos los vecinos. Su edificio tuvo abajo la escuela de párvulos y el granero, y arriba el salón de baile. En 1917 era la dueña de la casa de la calle Larga donde estaba el cuartel de la Guardia Civil. Sus socios pleitearon contra el deslinde que había quitado a los checanos más de 2.500 hectáreas de Sierra Molina, y en 1931 el Tribunal Supremo les dio la razón. Llegó a tener a su nombre 3.541 hectáreas.
La guerra la dejó, de hecho, sin tierras que trabajar. En 1944 los socios ya no la prorrogaron y se extinguió.
El tendero que tuvo que irse
En Alustante, Victoriano Pérez, con más de noventa años, repasaba en 2008 para la revista Hontanar los comercios de su juventud. Había muchos a principios de siglo. Uno era el de Crescenciano Lorente, «Usebiete», vecino de sus suegros, con una tienda que él recordaba como «muy buena». Crescenciano había sido alcalde republicano, y por eso tuvo que marcharse del pueblo durante la guerra.
La tienda de los suegros de Victoriano estaba donde después estuvo su casa, y vendían de todo. Él y su mujer, María, se quedaron con el comercio. A finales de los sesenta se fueron al Puerto de Sagunto para que su hija pudiera estudiar el bachillerato, y más tarde a Valencia, donde abrieron otra tienda. Victoriano siguió labrando sus tierras de Alustante. Al final volvieron al pueblo. Con noventa y cinco años seguía yendo a por salvia y a por setas.
Después del frente
Estas vidas siguen donde terminan las trincheras de el frente del río. La de Paulino y Silveria, también de Alustante, lleva de la posguerra a la emigración a Madrid en 1963: está en El pan que Paulino guardaba. En Checa, el viejo cuartel estuvo en los números 3 y 5 de la calle Larga, en la casa de La Previsora; el nuevo se levantó a partir de 1949 en un solar que el ayuntamiento cedió al Estado.
Vocabulario
- Vereda
- Camino que hacía a pie el ganado trashumante, y también el viaje mismo: «hacer la vereda».
- Fanega y celemín
- Medidas de grano. La Previsora prestaba una fanega de simiente y cobraba a la cosecha una fanega y un celemín.
- Quinta
- Reemplazo de mozos llamados el mismo año al servicio militar. Isidro fue de la quinta del 48.
- Línea y puesto
- En la Guardia Civil, el puesto era la unidad básica de un pueblo; la línea agrupaba varios puestos a lo largo de un camino.
Dónde verlo hoy
Fuentes y lecturas
- María Lozano, «Biografía de mi abuelo Isidro». Aguaspeña 18 (2011), pp. 12–13.
- «El puesto, la línea y el cuartel de Checa y Orea». Aguaspeña 18 (2011), pp. 14–15.
- Ángel Lorente Lorente, «Nonagenarios alustantinos IV: Victoriano Pérez». Hontanar 48 (diciembre de 2008), pp. 6–9.
- Antonio Martínez Mansilla, «La Previsora». Aguaspeña 1 (1994), pp. 4–7; colección de la revista.
Para seguir leyendo sobre la historia de este territorio. Bibliografía completa.
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