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Episodio · hace 450 millones de años – hoy · Antes de nosotros

Antes de nosotros: el tiempo largo de las piedras

Mucho antes de los castros y los pueblos, el Alto Tajo fue un mar frío junto a un polo helado, un bosque sepultado por cenizas, un llano de ríos rojos, lagunas de sal y un mar tropical. Luego la tierra se arrugó y el Tajo empezó a cortarla. Cada época dejó algo que hoy se puede ver: graptolitos en Checa, rodeno en el Barranco de la Hoz, pliegues en Cuevas Labradas y tobas que siguen creciendo.

Barranco de la Hoz

Foto: El Observario

Un reloj de piedra

Si toda la historia de la Tierra cupiera en un día, las rocas más antiguas del Alto Tajo aparecerían hacia las diez menos veinte de la noche. Los primeros seres humanos llegarían en los últimos seis segundos. Todo lo que cuenta la Memoria, los castros, el Señorío, los gancheros, ocupa menos que un parpadeo al final.

Este relato va de lo anterior. No hace falta saber geología para leerlo en el paisaje: basta con saber que cada roca es un recuerdo de cómo era este lugar cuando se formó. Unas nacieron en el fondo del mar, otras en ríos, lagunas o volcanes. Y el orden en que aparecen, de abajo arriba, es el orden del tiempo.

Un mar frío junto al polo

Hace más de 400 millones de años esta tierra estaba muy lejos de donde está ahora: formaba parte de Gondwana, un gran continente del sur, y quedaba cerca del polo. Era fondo de mar. En el fango vivían los graptolitos, pequeños animales en colonias que hoy se ven como trazos grises y aserrados sobre la pizarra negra. En las pizarras de Checa se encuentran con facilidad; tienen unos 430 millones de años y no dejaron descendientes.

En aquel mar flotaban icebergs. Cuando se fundían, dejaban caer al fondo las piedras que llevaban atrapadas. Una de ellas sigue incrustada en la pizarra: es el dropstone de Checa, la «piedra caída» de una glaciación de hace entre 444 y 428 millones de años. Es uno de los puntos más valiosos del Geoparque, y de los más difíciles de imaginar: un iceberg aquí mismo.

Un bosque de piedra y un volcán

Hace unos 300 millones de años, en Rillo de Gallo, crecía un bosque de coníferas. Una erupción volcánica lo sepultó bajo cenizas ricas en sílice y pobres en oxígeno, y la madera se convirtió en piedra sin perder su estructura. Es como Pompeya, pero con árboles.

Un poco después, hace unos 270 millones de años, una bolsa de magma salió a la superficie cerca de Orea en dos erupciones. Sus rocas, las dacitas, todavía destacan junto a la carretera. Casi nadie espera encontrar un volcán en el Alto Tajo.

Ríos rojos

Hace unos 250 millones de años, en el Triásico, grandes ríos cruzaban una llanura seca y dejaban arenas y cantos que el óxido de hierro teñía de rojo. Son el rodeno que hoy forma las paredes del Barranco de la Hoz, el monolito de El Huso, los torreones de Los Milagros, Las Quebradas de Chequilla y los callejones de Peñas Rubias de Orea. En el camino de Rillo de Gallo a Pardos, esas areniscas conservan hasta las ondulaciones y capas cruzadas que dejaba la corriente. Las fracturas de la roca y la erosión han esculpido después esas ciudades encantadas rojas.

Un primer mar

Entre los ríos y las lagunas, un mar poco profundo entró por un tiempo. Cerca de Padilla del Ducado, en Anguita, el oleaje de aquel mar dejó el fondo ondulado y así se quedó, convertido en piedra: son las olas fósiles de Padilla del Ducado, de hace unos 240 millones de años, el mejor lugar de España para ver este tipo de ondas gigantes.

Lagunas de sal

Al final del Triásico el paisaje se llenó de lagunas junto al mar que se secaban una y otra vez. Al evaporarse dejaban sal, arcillas y yesos. Esa sal enterrada es la que, millones de años después, sale disuelta en los manantiales de las salinas de Armallá y Saelices (lo cuenta La sal de la tierra). Entre esas arcillas aparece el aragonito, un mineral que se describió por primera vez con ejemplares de Molina de Aragón y es el símbolo del Geoparque. Y sobre esas mismas capas se hunde la dolina de la Salobreja, la laguna salobre de Orea.

El mar tropical

Después llegó el mar, y esta vez era cálido y poco profundo. Durante más de cincuenta millones de años fue inundando la tierra; la Georuta 5 lo cuenta como «un viaje hacia el mar», de las areniscas de ríos del Barranco de la Hoz a las calizas marinas de Cuevas Labradas.

Ese mar dejó muchos recuerdos:

  • En Esplegares, hace unos 190 millones de años, las rayas removían el fondo buscando comida y dejaron sus hoyos. Es el yacimiento más antiguo de huellas de este tipo en España.
  • En Cuevas Labradas es fácil ver fósiles de braquiópodos y bivalvos, parientes lejanos de las vieiras.
  • En Fuentelsaz, unas capas de hace unos 175 millones de años son la referencia de todo el planeta para el paso de una época geológica a otra: un estratotipo elegido en el año 2000. En España solo hay cinco.

Más tarde, en el Cretácico, se depositaron las arenas de Utrillas, blancas, amarillas y rojas, de las que salen el ocre y el caolín de Peñalén (lo cuenta el caolín del Alto Tajo), y encima nuevas calizas marinas.

La tierra se arruga

Esta tierra se arrugó dos veces. La primera, hace unos 300 millones de años, cuando los continentes chocaron para formar un solo supercontinente: de entonces son los pliegues variscos que la carretera de Checa a Orea deja ver en las pizarras y cuarcitas más antiguas.

La segunda fue mucho después: todo el pastel de capas posterior tampoco se quedó plano. Durante el Terciario, el choque de las placas que levantó los Pirineos y los Alpes empujó también estas tierras y dobló las capas como una alfombra que se arruga. En el barranco del Gallo, los pliegues de Cuevas Labradas se apretaron en acordeón, y en el arroyo de la Hoz, junto a Poveda, se doblaron los de Peñalén. En el Hundido de Armallones se ve un gran pliegue tumbado en la pared del cañón. Y junto a Taravilla, en la Hoya de la Parra, el río deja a la vista la sección de un anticlinal.

El río que corta

Cuando la tierra quedó levantada, el agua empezó su trabajo. En los últimos millones de años, el Tajo y sus afluentes se fueron encajando en la meseta hasta abrir cañones de cientos de metros. Arriba quedaron las muelas y parameras planas; abajo, el río. Desde cualquier mirador del Parque se entiende de un vistazo.

El agua también trabaja por dentro. Donde hay caliza, la disuelve: abre simas como la de Alcorón, de 63 metros; hunde el suelo en poljés como el del Cubillo, en Checa; y esculpe ciudades encantadas como la de la Hoya del Espino, junto a Peñalén. A veces el río abandona una curva y la deja seca, como en la Hoya de la Parra, o aísla un peñón como el Tormo de Mochales.

El hielo

En las épocas frías de los últimos cientos de miles de años, el hielo hizo su parte. En las crestas de cuarcita de Orea, el agua que se congelaba en las grietas partía la roca, y los bloques resbalaban ladera abajo sobre suelos helados. Así nació el río de piedras de Orea: miles de bloques angulosos bajo los que, todavía hoy, se oye correr un arroyo.

Ayer mismo

Hay rocas que tienen la edad de nuestra historia. Hace unos 11.000 años, una barrera de toba de 30 metros de alto cerró un valle y formó la Laguna de Taravilla, cuyos sedimentos guardan el clima de los últimos dos mil años. La toba de la Aguaspeña, en Checa, crece unos cuatro centímetros al año: hace dos mil años, cuando se levantaban los castros, todavía no existía.

En 1578, los vecinos de Ocentejo pidieron ayuda a Felipe II por los daños de un gran derrumbe en el cañón: el que dio nombre al Hundido de Armallones. Y en el siglo XX, el Tajo empezó a forrar de toba el hormigón roto de una presa que nunca funcionó, hasta convertirla en el Salto de Poveda. La Escaleruela, junto al Puente de San Pedro, sigue creciendo cada invierno que lleva agua.

Leer el paisaje

Casi todo lo que se cuenta aquí se puede ver con las georutas del Parque y del Geoparque, pensadas para leer las rocas parada a parada: están en las rutas oficiales, y qué protege cada figura, en espacios protegidos. Y conviene recordar una norma sencilla: fósiles y rocas se quedan donde están. Son páginas de un libro que se ha tardado 450 millones de años en escribir.

Vocabulario

Gondwana
Gran continente del sur del que formaba parte esta tierra hace más de 400 millones de años, cuando estaba cerca del polo.
Graptolito
Pequeño animal marino que vivía en colonias y se extinguió hace mucho. Su nombre significa «piedra escrita», porque parece un trazo sobre la pizarra.
Dropstone
«Piedra caída»: roca que un iceberg llevaba atrapada y que cayó al fondo del mar al fundirse el hielo.
Rodeno
Nombre popular de las areniscas y conglomerados rojos del Triásico que forman el Barranco de la Hoz o Chequilla.
Estratotipo
Capa de roca elegida como patrón mundial para marcar el paso de una época geológica a otra.
Pliegue
Capa de roca doblada por el empuje de la tierra. Si está boca arriba, como un arco, es un anticlinal.
Poljé
Gran depresión cerrada en tierra caliza, de fondo plano, formada porque el agua disuelve la roca.
Toba
Roca que se forma hoy mismo cuando el agua cargada de cal la deja sobre musgos y ramas. Construye cascadas y represa lagunas.

Dónde verlo hoy

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Geoparque Molina-Alto Tajo?

Un territorio reconocido por la UNESCO por la riqueza de su historia geológica, que abarca la comarca de Molina de Aragón y el Alto Tajo. No es una reserva cerrada: es una forma de cuidar y dar a conocer ese patrimonio, con georutas, paneles y centros de interpretación.

¿Cuáles son las rocas más antiguas que se pueden ver en el Alto Tajo?

Las pizarras del entorno de Checa, con graptolitos de hace unos 430 millones de años y el dropstone, una roca que dejó caer un iceberg en un mar junto al polo. Las más jóvenes se están formando hoy: las tobas de la Aguaspeña o del Salto de Poveda.

¿Puedo llevarme fósiles o rocas?

No. Fósiles y rocas son parte del patrimonio del Geoparque y de los espacios protegidos: mira, fotografía y déjalos donde están, para que el siguiente también pueda leerlos.

Fuentes y lecturas
  1. Parque Natural del Alto Tajo: fichas oficiales y folletos de las Georutas 1 a 9.
  2. Geoparque Mundial UNESCO Molina-Alto Tajo: fichas de geositios y de las Georutas 10 y 11.
  3. Fichas de geología del atlas, redactadas a partir de las fuentes anteriores y de la guía del Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo.

Para seguir leyendo sobre la historia de este territorio. Bibliografía completa.

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