Paisaje vivido · memoria del territorio
El sabinar: un bosque hecho casa y refugio
La sabina albar dio tejado a los chozones: muros de piedra seca y cubierta de ramas sin tejas ni clavos, en Escalera, Lebrancón, Ablanque y Olmeda de Cobeta.
Los chozones sabineros son refugios ganaderos levantados con muros de piedra seca y una cubierta de ramas de sabina de hasta metro y medio de grosor, sin tejas ni clavos. Se usan desde la Edad Media. Guardaban al rebaño y, a veces, al pastor.
Los más antiguos son circulares, a veces con una sabina viva en el centro como pilar. Con el tiempo se hicieron cuadrados y, desde los años cincuenta del siglo XX, se eliminaron los pilares interiores. Las mejores agrupaciones están en Ablanque, Escalera y Olmeda de Cobeta. Terzaga tiene un sabinar de sabina albar y una ermita de la Virgen del Amor.
En las parameras más altas y frías, la sabina rastrera forma un paisaje llamado «piel de leopardo».
Historias para leer esta parte del paisaje
Edad Media – años 60 del siglo XX
La construcción del refugio
Troncos y cabrios formaban la armadura y las ramas de sabina, la barda que desviaba la lluvia. A veces se respetaba una sabina viva en el centro como apoyo.
Entrar en los chozones y sus memorias →siglo XX, con prácticas anteriores
Lo que la gente sabía hacer con el monte
En Peralveche se destilaba espliego, en Checa se cocían hojas de gamón para los cerdos y en la dehesa de Olmeda de Cobeta se podaban los rebollos para sacar leña y ramón.
Leer las plantas de cada día →memoria del siglo XX
Materiales que entraban en las casas
En Masegosa, el escriño era un cesto de caña de centeno, el gamellón un tronco ahuecado para el ganado y la colodra un cuerno de vaca para llevar sal o aceite.
Seguir la memoria de los materiales →Pueblos desde los que seguir el hilo
Cada nombre abre sus lugares y recuerdos, y lleva a otras lecturas del territorio.
Huellas en el terreno
Estos lugares conectan los relatos con lo que permanece. Sus fichas permiten situarlos en el mapa y acercarse a conocerlos.