Episodio · memoria popular publicada entre 1994 y 2024 · Resina, gancho y chozón
Lo que se decía mientras se trabajaba
Los dichos guardan oficios y apuros. En Checa, «Cobre que sobre» vendría de la fundición de una campana en 1813. En Alustante se decía que de molinero cambiarás, pero de ladrón no escaparás. En Zaorejas, un abuelo que entró de criado a los nueve años repetía a sus nietos que no hay que tirar nada. Y en Peralveche las mozas cantaban al volver de coger cantueso.
«Cobre que sobre», en Checa
En 1813 se fundió en Checa la campana menor de la iglesia de San Juan Bautista. Según la memoria del pueblo que recogió la revista Aguaspeña, mientras el metal se fundía los vecinos le gritaban al calderero: «Calderero, echa cobre para que sobre». De ahí vendría, quizá, el dicho checano «Cobre que sobre». La revista no lo da por seguro.
El fundidor, sigue la tradición, dejó grabada su respuesta: «Bárbara me llamo, cien arrobas peso, quien no me crea que me haga el peso». La campana lleva el nombre de Santa Bárbara, pero en Checa todo el mundo la llama el Campanillo. Su historia y la de otros toques está en Cuando el pueblo se oía.
La mala fama del molinero
Al molinero no se le pagaba en dinero. Se quedaba con una parte del grano que le llevaban, la maquila o multura. Diego Sanz, que estudió los molinos de agua y de viento de Alustante para la revista Hontanar, recuerda que en las tierras del fuero de Cuenca la maquila ordinaria era del 5 %, y algo más de San Juan a San Miguel. De eso, a menudo solo una cuarta parte era para el molinero; el resto, para el dueño del molino.
Con esas cuentas por medio, los molineros cargaron con fama de sisadores y de trucar las medidas. De ahí el refrán: «de molinero cambiarás, pero de ladrón no escaparás». Sanz lo cita como sentencia popular, sin que sea propia de Alustante. Añade la otra cara: eran hombres con mucha maña para la mecánica, a veces muy leídos, y el molino era un lugar de reunión de todo el pueblo. A las molineras, por tratar con hombres a diario, las canciones les colgaron otra fama, no siempre merecida. El molino, el molinero y la molinera eran, dice, tan necesarios como detestados. La molienda está contada en El agua que movía.
«A tu edad ya estaba de criao»
Antonio López Gaona, de Zaorejas, les repetía lo mismo a todos sus nietos el día que cumplían nueve años: «A tu edad ya estaba trabajando de criao en Escalera». Su nieto, David Trenchs, lo contó en Abarca en 2024. Con nueve años, cuarto de primaria de hoy, su padre lo llevaba a servir a otra casa, y él no quería ir. Con el trigo que cobraba por todo el año comían sus padres y sus cinco hermanos. Los hermanos corrieron la misma suerte. Iba, trabajaba y volvía a Zaorejas, un año tras otro.
De aquella infancia le quedaron otras frases. «No hay que tirar nada», les ha dicho a todos. Y para explicar por qué en casa nunca se tira la comida que sobra: «Si el hambre fuera música, aún estaría bailando». En la familia se cuenta también la de un hijo que le pedía a la abuela Juana que le hiciera migas. «Pues si no tengo pan, hijo», contestaba ella. «Pues madre, sin pan ni na’ me las como».
Su nieto dice que esa generación no era de grandes discursos: funcionaba a base de frases hechas. Después llegó la emigración. De Zaorejas se fueron sobre todo a Madrid y Barcelona, y detrás del primero iban el hermano, el primo y el amigo. Los hombres entraban de peones, repartidores o camareros; las mujeres, a servir. Su abuela, Vicenta Herráiz, se sorprendió al llegar a Barcelona de que en los colmados vendieran garbanzos ya cocidos.
La copla del cantueso
En Peralveche, por San Juan, las niñas y las mozas se levantaban a las tres de la mañana para ir andando hasta la casilla de camineros, camino de Arbeteta, a coger cantueso. Lo cuenta Valentina Romero en Abarca. Luego esperaban el coche de línea saltando a la comba en la carretera, y cuando llegaba el autocar de Zaorejas a Madrid, cargado de viajeros, lo recibían cantando:
A coger el cantueso vamos las mozas, y en la cama se quedan las perezosas.
Con el cantueso se alfombraban las calles. El espliego, que se segaba para sacar esencia en las calderas del pueblo, y otras plantas de uso diario están en Plantas de cada día. Los nombres de las herramientas y las labores, en los materiales de la vida serrana.
Vocabulario
- Maquila
- Parte del grano que se quedaba el molinero como pago por moler. También se llamaba multura.
- Criao
- Criado: niño o mozo que trabajaba en casa ajena, a menudo por la comida y un pago en grano al año.
- Calderero
- Artesano del cobre y del metal; en los pueblos, también quien fundía o arreglaba campanas y calderos.
- Cantueso
- Mata aromática de flor morada, pariente del espliego, que en Peralveche se recogía por San Juan.
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el dicho «Cobre que sobre»?
La revista Aguaspeña recoge que, cuando se fundió en Checa la campana de Santa Bárbara en 1813, los vecinos le gritaban al calderero que echara cobre para que sobrara. De ahí vendría, quizá, el dicho checano. La propia revista lo presenta como una posibilidad.
¿Por qué tenían mala fama los molineros?
Porque cobraban la molienda quedándose una parte del grano, la maquila, y se les acusaba de sisar o de trucar las medidas. Diego Sanz recuerda en Hontanar que, en tierras del fuero de Cuenca, la maquila ordinaria era del 5 %, y cita el refrán «de molinero cambiarás, pero de ladrón no escaparás».
Fuentes y lecturas
- «El mejor hierro de la Celtiberia». Aguaspeña 1 (1994), pp. 15–16.
- Diego Sanz, artículo sobre los molinos de Alustante. Hontanar 48 (diciembre de 2008), pp. 12–15.
- David Trenchs López, «A tu edad…». Abarca 6 (2024), pp. 83–84.
- Valentina Romero Pascual, «La primavera en Peralveche». Abarca 4 (2022), pp. 62–63.
Para seguir leyendo sobre la historia de este territorio. Bibliografía completa.
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